Cuba y la escuela Bournonville.

En las fotos de cabecera, Alicia Alonso durante el montaje del Grand Pas de Festival de Flores en Genzano.


El ballet en Cuba, como lo conocemos, su técnica y todo el entramado que con- lleva la formación de un nuevo concepto y una escuela de ballet, es producto de las experiencias obtenidas por Alicia Alonso, Fernando Alonso y Alberto Alonso, luego de un trabajo de adecuación a las condiciones tanto del clima, como de las características físicas e idiosincrásicas cubanas, y es hoy, después del paso de los años y de un desarrollo sostenido y vertiginoso, lo que conocemos como escuela cubana de ballet. Esta técnica cubana tiene su base en diferentes escuelas, incluida la escuela Bournonville, y aunque algunos asumen que no hay influencias, luego de un analisis veremos cómo ambas escuelas presentan mucho más puntos convergentes de lo que previamente podríamos asumir.

En el curso de la historia han existido nexos entre la escuela danesa y la escuela cubana, sobre todo en cuanto a relacio- nes con personajes importantes, tanto para los daneses como para los pilares de nuestra escuela, Alicia, Fernando y Alberto Alonso. También se toman experiencias posteriores, obtenidas por las primeras bailarinas y maîtres del Ballet Nacional de Cuba: Aurora Boch, que fue miembro del jurado en la primera ocasión que la Aca- demia del Real Ballet de Dinamarca permitió que los aspirantes fueran evaluados por maestros no daneses, y Loipa Araujo, que es la personalidad del ballet cubano más cercana a la escuela de ballet danesa.

Alicia Alonso, como directora del Ballet Nacional de Cuba ha mostrado interés por desarrollar en su repertorio la coexistencia de clásicos, contemporáneos, mo- dernos, entre otros estilos coreográficos, por lo que también ha llevado a escena pas de deux, divertissement y fragmentos del legado coreográfico de August Bournonville.

Para comenzar hablando de ambas escuelas y de sus puntos en común, es impor- tante remontarnos a la génesis de ambas, pues tanto la técnica cubana, como la téc- nica Bournonville, son el fruto de un pro- ceso de enriquecimiento anterior de sus fundadores, en cuanto a las experiencias adquiridas en diferentes partes del mundo. Ellos, como Bournonville, en su tránsito por diferentes compañías, adquirieron vas- tos conocimientos, lo que les facilitó una vi- sión crítica y certera del panorama del arte del ballet. No hay que olvidar que tanto laescuela danesa como la cubana surgen en países pequeños, a diferencia de las gran- des plazas de ballet como Francia, Rusia e Inglaterra. Otro punto que debe desta- carse es que en ambos casos sus creadores han preferido el desarrollo del ballet en sus países de origen, dejando a un lado sus posiciones de importancia en compañías de reconocido nivel internacional, lo cual les confiere el mérito de ser considerados padres del ballet en sus respectivos países.

Es importante resaltar que ambas es- cuelas no han sido ajenas, y que se ha experimentado en estos últimos años un notorio acercamiento, que ha venido aparejado al hecho de compartir experiencias, tanto desde el punto de vista profesoral como escénico. Mas, la historia de las relaciones entre el Ballet Nacional de Cuba y el Real Ballet de Dinamarca se remonta a décadas atrás, cuando en el año 1950 Alicia Alonso comienza su relación artística con el primer bailarín danés Erick Bruhn, siendo ambos integrantes del elenco del Ballet Theatre de Nueva York, compañía en la que juntos interpre- tan obras del repertorio tradicional. En el año 1955, ambos van al Festival de Jacob’s Pillow en Estados Unidos, y bailan el pas de deux del tercer acto de El lago de los cisnes y el segundo acto de Giselle, como estrellas invitadas de Ted Shawn.

En 1957, Alicia Alonso tiene la oportunidad de conocer y trabajar con el bailarín y mimo danés Niels Bjorn Larsen, en la puesta en escena del ballet Coppélia por la Alonso en el Teatro Griego de Los Ángeles, en la cual ambos asumieron los papeles de Swanilda y el Dr. Coppelius, respectivamente. Alicia Alonso y otras de las personalidades que actuaron en esa obra, como Loipa Araújo, refieren que la imagen que tenía Larsen del personaje era algo os- cura o malvada, y al ver la concepción diferente de la versión de Alicia se sintió muy motivado por lo interesante que le resultaba, pues era todo un reto construir este nuevo personaje.

En 1960, Erick Bruhn actuó en la Ha- bana junto al elenco del American Ballet Theatre durante la celebración del Primer Festival Internacional de la Habana, organizado por el Ballet Nacional de Cuba. En 1965, Alicia fue invitada como jurado al Concurso Internacional de Ballet de Varna, en Bulgaria, y tuvo contacto con varias personalidades danesas, como Margrete Schanne, Kirsten Simona y Kirsten Ralov y Erick Bruhn. Años más tarde, el 19 de octubre de 1969, Alicia Alonso y el primer bailarín danés Flemming Flindt, entonces director artístico de la compañía protagonizan juntos Giselle, con el Real Ballet Danés, en el Teatro Real de Dinamarca, en Copenhague.

En 1976 visita Cuba el historiador y diseñador Allan Fridericia, que tendría una cooperación activa con el Ballet Nacional de Cuba. En la revista Cuba en el Ballet publica sus ideas sobre aspectos y temas técnicos del panorama del ballet mundial, destacándose El porvenir del arte del ballet (n. 2, v. II, 1971) —en el que se adentra en un análisis sobre el ballet de su tiem- po, las versiones coreográficas junto y as- pecto estético y ético del ballet—, años más tarde, en una segunda visita, el texto titulado August Bournonville (n. 2, v. X, 1979), que nos acerca a la vida y la obra del gran coreógrafo danés.

En 1978 regresa a nuestro país Allan Fridericia, acompañado esta vez por su esposa Elsa Marianne von Rosen, bailarina, coreógrafa y profesora sueca, muy vinculada a la escuela danesa. Un año antes, Alicia Alonso y Elsa Marianne von Rosen, durante el III Concurso Internacional de Ballet de Moscú, habían tomado ensayos al bailarín cubano Fernando Jhones, en el ballet Festival de las flores en Genzano. Elsa Marianne von Rosen, como conocedora de la escuela danesa, en la que se formó, puntualizó detalles técnicos y estilísticos de las exigencias de Bournonville, mientras que Alicia Alonso, por su parte, analizó las difíciles combinaciones de pasos y captó el espíritu de este estilo, cuidan- do de preservar el espíritu y las características de la escuela cubana de ballet, para lograr la integración total y el equilibrio entre ambas escuelas. Fernando Jhones obtuvo en esa ocasión el premio especial a la Maestría Artística, que le fue concedido por las personalidades danesas integrantes del jurado en ese certamen.

Otra obra que debe destacarse en el trabajo de Elsa Marianne von Rosen con el Ballet Nacional de Cuba, es el montaje de la versión integra del ballet La sílfide con coreografía de August Bournonville, durante el año 1978, en la que encarnaría el rol principal la primera bailarina Mirtha Plá. Desgraciadamente, esta producción no llegaría a estrenarse y no es hasta el 4 de noviembre de 1994, que se pone en escena este ballet, con montaje coreográ- fico de Clotilde Peón, que presenta esta obra como parte de su Trabajo de Diploma en el Instituto Superior de Arte.

Los Festivales Internacionales de Ballet han sido también ocasiones propicias para el acercamiento entre las dos escuelas con la participación de diferen- tes figuras del ballet danés. Entre ellos podemos mencionar al ya mencionado Erick Bruhn (1960), Eske Holm (1978), Adam Lüders (1980), Johan Kobborg (1998 y 2004), Henriette Muss (1998), Silja Schandorff (2006), los críticos Allan Fridericia (1976, 1978 y 1982) y Svend Kragh Jacobsen (1976). En el 21. Festival, en el 2008, se contó con la participación del maestro Frank Andersen y de los bai- larines Thomas Lund y Diana Cuni, quienes además de regalarnos una magistral interpretación, tanto desde el punto de vista de la técnica como del estilo, del pas de deux de Festival de las flores en Genzano, se unieron al elenco del Ballet Nacional de Cuba, en el Teatro Mella, el 1o de noviembre, para el estreno en Cuba del divertissement del tercer acto de Napoli. Ese trabajo comenzó con el montaje por parte de Anne Marie Vessel, y fue continuado por Eva Koborg, Sebastian Koborg y el mismo Andersen junto a las maîtres del Ballet Nacional de Cuba Svetlana Ballester y Consuelo Domínguez. Esta fue una ocasión especial tanto para los baila- rines como para el público, debido a que solo se tenían en Cuba referencias lejanas de esta obra coreográfica, y por la versión que estrenara el Centro Prodanza de Cuba, el 24 de agosto de 1996.

También fue un momento especial para Thomas Lund y Diana Cuni, que encontraron en Cuba, “una escuela con una tradición y una increíble técnica”, como co- mentaron en entrevista especial para Cuba en el Ballet; técnica que no les es ajena gracias a las clases de las maîtres Loipa Araujo y Aurora Bosch, y a los momentos en que han compartido en galas internacionales con diferentes bailarines cubanos, tanto en Dinamarca como en otros países.

“Nos sorprende como en Cuba el ballet es mucho más que ir al teatro, hemos encontrado que aquí el público tiene verdadero conocimiento y sabe apreciarlo que el bailarín hace en la escena. Aquí hemos tenido una experiencia que nunca, en la vida nos podríamos imaginar, y fue sentir como hasta el chofer del taxi que nos llevaba al teatro nos podía dar una valoración de nuestra actuación”, nos dice Diana Cuni.

“Ciertamente, es impresionante ver como en Cuba el ballet se vive con verdadera pasión, solo comparada con lo que se puede sentir en un estadio durante un partido de fútbol, es increíble como el público también desde sus lunetas expresa, es una comunicación constante con el bailarín, uno llega a sentir que verdaderamente están apreciando y valorando lo que haces, esto muchas veces no lo sentimos ni en nuestra propia casa”, comenta Thomas Lund.

Durante el año 2006, Frank Andersen, director artístico del Real Ballet Danés, visitó la sede del Ballet Nacional de Cuba y, junto a su directora general, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, iniciaron los planes de colaboración entre ambas compañías danzarias, los cuales son anun- ciados el 15 de junio del año 2007, en una conferencia de prensa que dio a conocer los detalles del intercambio de trabajo que sostendrían ambas compañías.

Como primera acción, en el año 2007, los primeros bailarines, Rómel Frómeta y Viengsay Valdés, actuaron en el Festival de Kastellet, en Copenhague, como artistas invitados, interpretando el pas de deux del tercer acto del ballet Don Quijote, con coreografía de Alicia Alonso sobre el original de Marius Petipa. A finales de la temporada 2007-2008, se estrenó en el Real Ballet Danés la versión coreográfica de esa obra completa por Alicia Alonso y las maîtres Martha García y Maria Elena Llorente. El montaje fue llevado a cabo por la propia María Elena Llorente y la maîtres María del Carmen Hechevarría, a quienes más tarde se uniría Loipa Arau- jo, junto a figuras y maestros ensayadores como Nikolaj Hübbe, actualmente Direc- tor Artístico del Ballet Real de Dinamar- ca, Petrujka Broholm, Kenneth Greve, Anne Holm Jensen y Andrea Tallis. Los protagonistas de ese estreno fueron Diana Cuni, como Quiteria, y Alessio Carbonne como Basilio, además de los bailarines Thomas Lund y Tina Højlund, Yao Wei y Andrew Bowman, quienes asumieron también los roles protagonistas, junto a Morgens Boesen como Don Quijote, Poul Erick Hesselkilde como Sancho Panza, Flemming Ryberg como Camacho, Kenn Hauge como Lorenzo, Gudrun Bojesen como Mercedes y en el papel de Reina de la Dríadas, Sebastián Kloborg como Espa- da y el cuerpo de baile de Real Ballet de Dinamarca. Este hecho ha sido la culminación de las relaciones de varias décadas entre la escuela danesa y la cubana, lo que deviene en un mayor enriquecimiento del ballet mundial.

 

* Publicado en la Revista Cuba en el Ballet Nº 117 septiembre - diciembre 2008

CRONOLOGÍA DE ESTRENOS DE OBRAS AUGUST BOURNONVILLE EN EL REPERTORIO DEL BALLET NACIONAL DE CUBA.

 

Festival de las flores en Genzano (Pas de deux). Gran Teatro de la Habana. 17 de junio de 1976. Rosa: Loipa Araújo; Paolo: Fernando Jhones.

Festival de las flores en Genzano (Grand pas). Gran Teatro de la Habana. 28 de octubre de 1978. Rosa: María Elena Llorente; Paolo: Fernando Jhones.

Guillermo Tell (Pas de deux). Gran Teatro de la Habana. 4 de noviembre de 1984. Mirta García y Fernando Jhones.

La sílfide (Pas de deux del segundo acto). Teatro del Palacio de Bellas Artes, La Habana. 11 de junio de 1985. Sala. La sílfide: Marta García; James: Orlando Salgado.

La sílfide (Grand pas). Pabellón de los Deportes, Salamanca, España. 24 de julio de 1985. La sílfide: Marta García; James: Orlando Salgado; tres sílfides: Clotilde Peón, Mayra Rivero y Moraima Martínez.

La ventana (Pas de trois). Teatro Nacional, Sala Avellaneda. 17 de marzo de 1991. Vivian Novo, Alena Carmenate y Reynaldo Arencibia.

Napoli. 2 de noviembre de 1993 Bailable del primer acto de Sala García Lorca del Gran Tea- tro de la Habana. Teresina: Lorna Feijóo; Gennaro: Vladimir Álvarez.

La sílfide (ballet completo). 4 de noviembre de 1994. Sala García Lorca del Gran Teatro de la Habana. La sílfide: Lourdes Novoa; James: Osmay Molina; Effie: Gladys Acosta; Gurn: Alberto Terrero; Madge: José Zamorano.

Nápoli (Bailables del Acto III). Teatro Sausto. Matanzas. 8 de diciembre 2007. Pas de six: Marlen Fuerte, Gretel Morejón, Mailén Martínez, Jessica León, Hasiel Gómez, José Iglesias, Walter Gutiérrez.

Napoli (Divertissement del Acto III). Teatro Mella. 1o de noviembre de 2008. Teresina: Diana Cuni; Gennaro: Thomas Lund (artistas invitados del Real Ballet de Dinamarca). Pas de six: Marlen Fuerte, Gretel Morejón, Jessica León, Mailen Martínez, Jaciel Gómez, Omar Mora- les. Variación masculina: José Losada. Trío de muchachas: Lucía Prado, Regina Hernández, Lliliam Pacheco.